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Luna de agosto

Belleza...

Belleza...

Antes de cerrar quise colgar el poema siguiente, me emocionó profundamente, igualmente me emocionó la historia de amor que hay tras esas letras. Abro y lo cuelgo. Es de Helio.

Rosas Azules

Como espuma de agua te trae el mar, recubierta de luna como noche frágil de cautivadora fragancia. Seductora, fascinante, atrayente. Misteriosa en el embrujo de la tarde, extiende el sol sobre tu piel la mirada. Lujurioso, lascivo, impúdico. Hipnotizado ante la silueta de tu cuerpo, clava en ti sus rayos. Juega con tu piel. Se detiene en tus manos. Mima tus pechos. Acaricia tus labios. Dibuja tenues siluetas de luz, sombras de plácidos colores. Y hacia él te lanzas, como princesa encantada, deseosa de entregarte al hechizo de su baile.

Princesa sin trono ni cetro, sin corona ni reino, cuya belleza se expande por todo el universo. Me envuelves en abrazos de algas. Me vistes de sal y besos. Me acunas en lechos de corales, donde las sirenas murmuran cánticos delirantes, en mundos de ensueño, a través de paisajes de inusitada belleza.

Trepamos a las nieves de las nubes y nos enredamos como madreselvas vespertinas. Entrelazamos raíces de cerezo que el otoño hila en roble. Hilvanamos hojas de hiedra que la noche teje en lirio. Bordamos alhelíes que el silencio injerta de cristal. Arpa del arroyo. Elixir adictivo que de tilos enamorados compone su partitura. Cítara del mar.

La mañana nos descubre varados en la arena, anclados en la tierra, encallados en la arcilla que las olas moldean como barro. Germinamos. Brotamos. Florecemos. Y de nuestros pétalos renace el alba, pleno de rocío y brisa marina. En el lienzo del mar traza el sol tu imagen y la evapora en esencia de nenúfar. La aurora a ti sabe. Huele a ti la mañana, la tarde, el ocaso. Y hasta la misma noche de ti se perfuma.

Princesa de aire que siembra de fruta la noche. Princesa de agua que nutre de dulzura el sueño. Princesa de fuego que poda el tedio de la rutina. De tu mano emana el pincel. Para crear. Para creer. Para crecer. Para surcar las estrellas de los mares. Y viajar por el sol de madrugada. En constante descubrimiento. En sempiterna conquista. Como sólo la noche abraza al día. Con el ímpetu con el que el viento esparce de lluvia la tierra. Con la sutileza con la que la luna colorea el firmamento. Tus brazos de lino tejidos a los míos. Tus labios de seda trenzados a mi pecho. Tus ojos de hielo fundidos en mis pupilas.

Como agua de plata nado entre tu savia, corriente arriba. Nos mojamos. Nos empapamos. Nos inundamos. De púrpura. De añil. De turquesa. Vuela el humo de tu aire y con el mío se vuelve brisa. Pintas en el aire melodías de colores que en mi piel se hacen música.

Deja que el hermético misterio de tus sueños fluya por el cielo mientras la incontenible pasión de los cuerpos se fusiona en armonía. Que la noche de los días amanezca rutilante de dicha. Que el agua que nos compuso nos abrace eternamente. Que por siempre, el aire que somos, se torne agua.

 

 

 

 

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2 comentarios

Luna -

Creo que es así como debes recordarla. La Vida dijo hasta aquí.
Allí, en la estrella más brillante, estará bien. Hay mucha familia mía y verdaderos amigos y eran muy divertidos, seguro que no dejarán que se sienta triste.
Un abrazo

Helio -

Ayer en la playa recordé ese momento y muchos más. Estuve a punto de pedir egoistamente que volviera a la tierra, pero me gusta donde está y la luz que cada noche ofrece.
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